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Madame Glamour

Escribe Mayte Navarro

Abrimos esta columna con el verano en el hemisferio norte que trae nuevas propuestas para el mundo de la moda y la mirada puesta en el invierno. También hablaremos de momentos tiernos y nos ocuparemos de algún escándalo. Y es que el mundo es así: multicolor y plural en cuanto a gustos y a emociones se trata.
Me esforzaré en transmitirles mi propia versión de las cosas, en la que acertaré o no con otras opiniones. Todo es de acuerdo al cristal con que se mira.

El bautizo perfecto
Los duques de Cambridge encabezan las noticias tiernas, William y Catherine compartieron protagonismo con su segunda hija Charlotte, quien recibió el bautismo en un acto donde el recuerdo estuvo dirigido hacia Diana, abuela paterna de la pequeña, quien seguro hubiera estado muy feliz viendo a su nieta. Pero más allá de estas suposiciones deberíamos felicitar a la duquesa Kate, pues hizo de la ceremonia un espectáculo perfecto.

No hubo detalle que no cuidara. Los cuatro (William, los dos niños y ella) llegaron impecables a la iglesia St. Mary Magdalene de Sandrigham. Catherine empujaba el coche Millson, un vintage que usó el príncipe Carlos, de esta manera subrayó que es una mujer de tradición y que aprecia esos objetos, tan valorados por los Windsor, ya que forman parte de su memorabilia.

El pequeño Jorge se comportó como todo un príncipe, muy alejado de aquella imagen de la infanta Leonor de España, quien en el bautizo de su hermana Sofía hizo del jardín donde se celebraba la ceremonia su campo de juego.

No sabemos si dentro del pequeño templo, la nani, María Teresa Turrión, tuvo que correr para atender alguna necesidad del pequeño, lo cierto es que a la española se le vio muy sonriente, enfundada en un uniforme al estilo Downton Abbey, frente a la bisabuela, la reina Isabel II.
Rosa fue el tono escogido por la Reina Isabel para el bautizo de su bisnietaSe dice que Carlos siente celos de su consuegra, Carole Middleton, y para no dar pistas que pudieran afirmarlo, él mandó a Camilla a compartir con los abuelos maternos de Charlotte.

Una vez más la elegancia de Carole superó a la duquesa de Cornwall, quien sin embargo eligió un traje adecuado para su figura menos esbelta.

En cuanto a la duquesa de Cambridge, volvió acertar con el modelo de la casa Alexander McQueen, color marfil y el tocado de Jane Taylor. Este segundo embarazo tampoco ha dejado huella en su figura.

En cuanto a los cinco padrinos, ninguno perteneciente a la familia real, son: Thomas van Straubenzee, el mejor amigo de William, casado con Lady Melissa Percy; su familia es muy cercana a la realeza desde hace varias generaciones. James Meade, otro gran amigo del hijo mayor de Carlos, casado con Lady Marsham.

Laura Fellowes, prima de William e hija de la hermana mayor de Diana, está casada con Nick Pettman. Adam Middleton, primo de Catherine; su esposa es la diseñadora de interiores, Rebecca Poynton. Por último Sophie Carter, una de las mejores amigas de la duquesa de Cambridge.

Los duques de Cambridge a su llegada al bautizo

Deberíamos felicitar a la duquesa Kate, pues hizo de la ceremonia un espectáculo perfecto. No hubo detalle que no cuidara. Los cuatro (William, los dos niños y ella) llegaron impecables a la iglesia St. Mary Magdalene de Sandrigham.

 

Cancha de abolengo
Y sigamos en Inglaterra, esta vez en Londres, donde se celebró la edición N° 31 de la competencia de polo Copa de la Reina, patrocinada por Cartier; se inició en 1984 y, desde entonces, se convirtió en un encuentro de prestigio, que atrae a más de 25.000 personas en Windsor Great Park. Hace 27 años Cartier patrocina este torneo, uno de los más importantes del mundo que cuenta con la participación de los mejores jugadores de polo del orbe y es punto culminante para la élite de ese deporte. En la lista de jinetes se encuentran el Príncipe Felipe y su hijo, el Príncipe Carlos, ganador de un trofeo.

La Reina presentó por primera vez el trofeo en 1960 e históricamente asiste a la final. La copa Cartier es un acontecimiento muy esperado en el calendario social británico.

En las gráficas pueden verse a la Reina Isabel y a otras personalidades que disfrutaron de este encuentro deportivo, donde sólo la octogenaria Joan Collins osó competir con Isabel II.

Hoguera de vanidades
Y más al sur, en el Mediterráneo, hubo fiesta siendo los anfitriones Alberto de Mónaco y su esposa Charlene. Celebraron con todos los monegascos los 10 años del príncipe en el trono.

A los 57, casado y con dos hijos, su vida se desliza por el camino de los rumores que han puesto en tela de juicio la aparente felicidad que los acompaña, de donde no se excluye la concepción de los gemelos Jacques y Gabriella, a tal punto que se dice que Charlene tuvo que acudir a métodos de fertilización asistida para tenerlos.
MONACO CELEBRA EL DECIMO ANIVERSARIO DE ALBERTO EN EL TRONO

Lo cierto es que en una reciente entrevista, Alberto afirmó que le falta tiempo para disfrutar de los mellizos, pero que confía plenamente en su esposa para educarlos. Los pequeños también se vieron en estos festejos, donde no faltaron Carolina, convertida en amantísima abuela; y Estefanía, alejada de romances circenses y de guardaespaldas.

En estas fiestas de dos días quien se coronó como la verdadera revelación fue Charlene. Indiscutiblemente quiso aplastar las murmuraciones sobre su matrimonio y públicamente declaró: “Alberto, tú eres el príncipe de mi corazón”. Como si previamente no conociera el contenido del discurso de su mujer, el príncipe se dejó llevar por la emoción y hasta lloró.
Tres generaciones de Grimaldi juntas
A partir de ese momento, la expresiones de afecto entre la pareja se repitieron hasta la noche del día siguiente, la del plato fuerte, la del espectáculo, que tanto gusta a los monegascos. Esta vez Alberto les regaló un concierto con Robbie Williams, quien apareció con un mechón rubio.

El cantante debe haber estado muy satisfecho porque la mitad de las canciones la siguieron los Grimaldi, que no contentos con ello también se levantaron de sus asientos para bailarlas, ocasión que reveló la gran curva de la felicidad de Alberto. Se ve que cada vez tiene menos tiempo para los ejercicios, pero tampoco hay cabida para hacerle reproches ya que el Principado pareciera bien administrado.

Reinterpretarse a si mismo
El otoño ya es una realidad así como el invierno, por eso París ofreció al mundo las creaciones de ese arte que muchos se empeñan en calificar de vanidoso, pero que encierra el trabajo callado de cientos de artesanos, cada uno con una historia diferente pero todos con una pasión: llegar a la misma perfección.

Uno de esos desfiles, que si bien no se regodeó en la originalidad ni en la creatividad, dos características de las que puede ufanarse la haute couture pues es la esencia del show, si hace referencia al lujo, otra condición sine qua non de un capítulo de la moda reservada a muy pocos elegidos.

Hablamos de la colección de Elie Saab, quien se va a sus propios orígenes para presentar vestidos bañados de oro, dedicada a la grandeza, a la opulencia, dejando al descubierto el propio ADN del autor, quien hace del noble metal el gran personaje para evocar a Bizancio, de hecho, la pasarela era una especie de templo bizantino con paredes doradas.
Elie Saab volvió a sus orígenes para presentar vestidos bañados de oro
En los trajes los hilos de oro se entremezclaban con los tonos rosas o verdes como si de una repujada joya se tratara o quizás Saab quiso mostrar la riqueza de los mosaicos de una época.

Pero la puesta en escena fue más allá al llevar el dorado material al cabello que enmarcó con laureles, y adornó muñecas y orejas con una filigrana de fina bisutería.

Delicadas cadenas de oro marcaron la cintura y abarcaron los hombros. El bordado hecho a mano imposibilita que haya dos iguales, una cabalgata deslumbrante de técnica.

En cuanto a las líneas que sigue cada traje está la imperio, la fluidez, enfatizada por la ligereza y la delicadeza del crepé de China, la gasa y el tul de seda. El encaje se trabajó para dar un efecto de intimidad, lograr un toque de seducción. Se admira su corte preciso algo que sólo es posible en la haute couture. En fin, un homenaje a la esencia de la casa Elie Saab.
Delicadas cadenas de oro marcaron la cintura de las modelos durante el desfile de Elie Saab

Más allá de la moda, la tradición
Una casa familiar estilo art deco, un taller fundado en 1859 convertido en fábrica de pedidos especiales, es hoy La Galería que muestra la historia del monograma de la marca Louis Vuitton que se inauguró recientemente en Asnières-sur-Seine, al norte de París.

Son 600 metros cuadrados de exposición. Así la casa francesa, una de las mejores aliadas del lujo abre otro museo en menos de un año.
Judith Clark trabajó durante 12 meses buscando piezas claves. Esta labor de investigación la obligó a sumergirse en 165.000 documentos y 23.000 objetos. La colección incluye desde el baúl del modisto Paul Poiret hasta elementos de la colección personal de la familia Vuitton.
La Galería que muestra la historia del monograma de la marca Louis Vuitton

Una casa familiar estilo art deco, un taller fundado en 1859 convertida en fábrica de pedidos especiales es hoy La Galería que muestra la historia del monograma de la marca Louis Vuitton.

A lo largo de la muestra se hallan diseños del actual director creativo, Nicolas Ghesquière, y de sus predecesores Kim Jones y Marc Jacobs. También modelos creados por Jeanne Lanvin, Christian Dior y Madeleine Vionnet, de esta manera se representan las diferentes épocas. La sección The Art of Couture (El Arte de la Costura) muestra los estrechos lazos existentes entre la marca y la alta costura, desde Yves Saint Laurent a Karl Lagerfeld.

La inauguración celebrada la mañana de un caluroso domingo se concretó con una fiesta en el jardín donde sólo se podía entrar por estricta invitación.
Olympia Scarry y Alessandra Borghese durante la inaguración de la exposición La Galería de LV

Entre las caras conocidas estuvo Michelle Williams, imagen de la marca, así como Peter Marino, uno de los decoradores de interiores más influyentes del planeta; Olympia Scarry, nieta del autor de libros para niños y famoso ilustrador Richard Scarry; y Gaia Repossi, miembro de la familia Repossi, casa que diseña las joyas para la familia real de Mónaco e integrante de su equipo creativo.
Patrick-Louis Vuitton junto a Judith Clark, curadora de la exhibición

 

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