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La novia que llegó de América

La boda del príncipe Harry y la actriz norteamericana Meghan Markle está a la vuelta de la esquina y mientras unos comentan cómo la recién llegada a la familia Windsor se salta de vez en cuando el protocolo y algún vidente le pronostica que el matrimonio no tendrá un final feliz, aunque se vean muy enamorados, en el mayor silencio y secreto se prepara el vestido de la novia que imitarán muchas para vivir su propio sueño de amor.

El traje de Meghan, al igual que ha sucedido con las otras novias importantes de la Casa Real británica, acapara ya la atención y origina comentarios, todos, hasta ahora, infundados.

Isabel contrajo matrimonio siendo todavía princesa y se vistió con un diseño inspirado en  Botticelli; Diana de Gales, de apenas 19 años, se eternizó con aquel imponente modelo de los entonces desconocidos David y Elizabeth Emanuel, totalmente adecuado para la monumental Catedral de San Paul; y por último Catherine, hoy duquesa de Cambridge, con un traje de Sarah Burton, directora creativa de la casa Alexander McQueen, no decepcionó pues cada detalle estaba pensado para que armonizara con la abadía de Westminster.

Isabel, Diana y Catherine tenían un destino común: el ser reinas, por lo tanto sus matrimonios podían considerarse  bodas de Estado y estaban ceñidas al rigor protocolar. En el caso de Harry hay más libertad, sin embargo es un miembro de la familia real y los caprichos personales no podrán satisfacerse totalmente. Por otra parte, si comparamos a Meghan con las anteriormente mencionadas, hay diferencias sociales. Ella no pertenece a la aristocracia, como Diana; tampoco proviene de un hogar sólido como el de Kate, donde el dinero ha contribuido a darle brillo social, pues pudo asistir a un colegio y a una universidad de renombre.  Además Meghan creció en un ambiente alejado del refinamiento y donde las normas no siempre se cumplen.

El vestido de la actriz norteamericana es un secreto muy bien guardado.

Posiblemente el boceto que aprobó haya desaparecido para evitar la tentación de que escape del taller sustraído por una mano sobornada, al menos esta previsión se hizo con el de Diana. El secreto también acompañó al modelo de Kate, secreto que se guardó desde el momento en que se inició el tejido de los encajes. Para no despertar sospechas entre los tejedores se les informó que sería para una filmación.

No sorprendería que el trabajo nupcial se lo hayan encargado a Ralph & Russo, firma creadora del modelo que llevó para las fotos del compromiso, aunque en una entrevista señaló que le gusta mucho Elie Saab, diseñador libanés quien tienen entre sus clientas a la princesa Victoria de Suecia.

El traje no tendrá nada que ver con el de Diana, el más opulento de la historia reciente de esa casa real, pero  tampoco sería adecuado ya que la capilla del palacio de Windsor por ser más pequeña exige un modelo más cercano al de la duquesa de Cambridge, de líneas sencillas.

La tradición también pide que lleve algo azul, que suele ser una cinta que

se cose dentro del vestido, y algo prestado. En el caso de Meghan será la

tiara. Isabel llevó una que le cedió su madre, Diana lució una de su familia y la de Catherine pertenece al joyero de la Reina.

Así se vistieron ellas

Isabel II

 

El vestido de Isabel, entonces princesa, lo diseñó Norman Hartnell y para ello se  inspiró en la Primavera de Botticelli. Se confeccionó en satén y se bordó con 10 mil perlas blancas importadas de América, hilos de plata y tul. Los gusanos de seda que produjeron la materia prima se compraron a China y no a Japón que era un país enemigo. Como Inglaterra estaba saliendo de la II Guerra, parte del traje se pagó con cupones de racionamiento, incluso, algunos ingleses quisieron colaborar  aportando los suyos.

El más pomposo

 

David y Elizabeth Emanuel, quienes eran desconocidos en aquel entonces, se ocuparon del atuendo de Diana. Se recuerda su escote en “V”, sus grandes volantes y las mangas de farol. Además estaba hecho en tela de seda de color marfil, 10.000 perlas incrustadas y la larga cola de 25 metros. Su costo superó los 7.000 dólares, sin embargo por una réplica se pagaron 100 mil dólares.

Diana no tuvo que solicitar a su suegra, Isabel II, que le prestara una tiara porque ella usó una que pertenece a los Spencer, se trata de una pieza en oro, plata y diamantes con motivos florales y un corazón en el centro

Con sentido histórico

La diseñadora inglesa Sarah Burton, directora creativa de la casa Alexander McQueen, diseñó el vestido nupcial de Catherine, hoy duquesa de Cambridge. El 29 de abril de 2011 los ojos del mundo estaban puestos en la chica de 29 años que en ese momento se convirtió en la esposa del príncipe William, segundo en la línea de sucesión al trono y, por lo tanto, futura reina.

Middleton combinó la tradición y la modernidad con la visión artística que caracteriza el trabajo de Alexander McQueen. Para cumplir parcialmente con la tradición británica de llevar algo azul, se cosió una cinta celeste dentro del vestido. Para el corpiño se utilizó un encaje que logró un efecto similar al de los tejidos del siglo XIX.

 

Si Meghan Markle ha roto varias veces el protocolo, con la anuencia de Su Majestad Isabel II, no sorprendería verla con un vestido menos amplio y más brillante, más cerca de los gustos hollywoodenses, totalmente mediático, menos simbólico, pero a su gusto. Sin vínculo a ninguna familia aristocrática, con un anterior matrimonio en su pasado, esta contrayente de 36 años apuesta por su felicidad, por algo  ha afirmado que el novio no la verá previamente sino cuando entre al templo.

Escribe MAYTE NAVARRO – @mainav

Fotografía GETTY IMAGES

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