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Diana de Gales: mujer efímera, princesa eterna

Como miembro de la familia de la Corona británica, planteó una concepción diferente de la monarquía al mostrar la importancia de una mayor relación y cercanía con el pueblo. Al perder su título de Alteza, se convirtió en la única princesa no Real de Inglaterra, imagen que aprovechó para colaborar con diversas causas humanitarias y ayudar a los más desafortunados

Escribe DANIELA BENAIM / @danibenben
Fotografía AFP – ARCHIVO

Bien sea por haberse convertido en una figura de la realeza tras el matrimonio con el príncipe Carlos; por una vida polémica, marcada por el divorcio y amoríos; por su existencia trágica que acabó prematuramente; por su labor como filántropa; o por su peinado e influencia en la moda, Diana de Gales es una figura que no pasó desapercibida. “La Princesa del Pueblo”, como la bautizó el Primer Ministro Tony Blair, no solo es uno de los personajes más resaltantes de las últimas décadas del Siglo XX, sino que sigue resonando.

Cuento de príncipes sin un “felices por siempre”

La historia de Diana pareció reflejar el sueño de una plebeya: casarse con un heredero de la Corona; pero para la hija del Conde John Spencer y de Frances Ruth Roche, este mundo no era ajeno; su abuela era Dama de Honor de la Reina Isabel II; y su familia pertenecía a la aristocracia. Cuando el primero de julio de 1961, la futura princesa nació en Norfolk, Inglaterra, la Soberana la tuvo en sus brazos. Diana conoció a Carlos cuando este era novio de su hermana. Tres años después, empezaron una relación, y se comprometieron luego de año y medio.

La boda se llevó a cabo el 29 de julio de 1981. Dos millones de personas se ubicaron en las afueras de la Catedral de San Pablo para presenciar el gran evento; y unos 750 millones de espectadores vieron por la televisión la concreción de esta historia de amor. “La tímida Di” llegó en una carroza de cristal; y lució un vestido diseñado por David y Elizabeth Emanuel; un ostentoso traje de seda de color marfil y estilo romántico, bordado de perlas, y con una cola de casi ocho metros; complementado con la tiara de la familia Spencer.

Después de la ceremonia, los esposos se asomaron en el balcón del Palacio, y complacieron a los espectadores con un beso. “La boda del siglo” finalizó con el baile y un majestuoso pastel, que aunque decorado con orquídeas blancas y lilas del campo, que simbolizan el amor puro, incondicional y eterno, la unión de Carlos y Lady Di no siguió ese camino.

En la noche de bodas, Diana descubrió tatuada la letra “C” en su esposo, símbolo de su amor por Camila Parker Bowles. Así, asumió la realidad de un matrimonio de conveniencia; y comenzó su transición de recatada e ingenua, a sofisticada y glamorosa. Más tarde, se confirmó que el heredero no se casó enamorado, sino bajo presión de su padre.

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Los príncipes tuvieron dos hijos, Guillermo y Enrique. Diana rompió los paradigmas de las madres de la realeza; quería que tuvieran una infancia normal, y los  llevó a cadenas de comida rápida y a parques temáticos. Les inculcó la noción de otra realidad a través del contacto con personas necesitadas y enfermos de Sida.

Contrario a lo que se cree, Isabel II le tenía cariño a Diana; veía en ella la  mujer que necesitaba la Corona británica. Excusaba la conducta de la Princesa con la frase “Ella no es como nosotros, ¡es muy joven!”. Actuó como una madre ante los problemas de su nuera: la bulimia, depresiones, e intentos de suicidio; hasta el punto que hizo por ella cosas que no había hecho por sus hijos.

Los escándalos no tardaron en agitar el matrimonio. Diana tuvo varios amantes: el guardaespaldas Barry Mannakee; el profesor de equitación James Hewitt; James Gilbey, grabado en una conversación en la que Diana le confiesa temer estar embarazada; Oliver Hoare, hombre casado al que la princesa acosó con llamadas telefónicas; y el jugador de rugby Will Carling. Por su parte, Carlos confesó en 1994 haber engañado a su esposa con Camila. Ese año la pareja se separó oficialmente.

La entrevista televisiva a Diana, en 1995, en la que declaró sus romances, fue vista por la Reina como una traición. La pareja se divorció al año siguiente, a pesar de que Diana declaró no querer hacerlo y seguir amando al Príncipe. De esta manera, perdió el título de “Alteza Real”, pero conservó el de Princesa de Gales.

“El amor de la vida de Diana fue el príncipe Carlos”, declaró Lucía Flecha de Lima, amiga de la princesa. Para esta brasileña, quien consideraba a Diana más latina que inglesa debido a su pasión, el matrimonio no tuvo las oportunidades que gozan los de hoy; como el hecho de que Guillermo y Catalina pasaron los primeros meses de su hijo junto con la familia de ella.

“Un entierro único para una persona única”

El 31 de agosto de 1997, Diana falleció, junto con su pareja Dodi Al-Fayed, y el chofer Henry Paul, en un accidente automovilístico en el túnel de la plaza del Alma en París. Solo logró sobrevivir el guardaespaldas Trevor Rees-Jones. Esta muerte fue causante de muchas controversias, lamentos e investigaciones; y consolidó a Lady Di como mito de la cultura británica.

Diana no debía tener un funeral de Estado; pero la tristeza del pueblo forzó a adoptar una nueva medida. Se había divorciado, pero seguía siendo la madre de dos posibles herederos del Trono. Para un portavoz de la Familia Real era “un entierro único para una persona única”. Hasta el seis de septiembre, se decretó luto nacional.

Mientras miles de británicos daban sus condolencias a través de flores y cartas, el cuerpo se trasladó desde la capital francesa. El ataúd no fue abierto; querían conservar la imagen de la princesa glamorosa. Como tributo, Elton John cantó “Candle in the Wind”, y prometió no volver a interpretarla al menos que uno de los hijos de la fallecida se lo pidiera. El Reino Unido se paralizó para presenciar el funeral de “La Princesa del Pueblo”.

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Princesa humanitaria   

Diana buscó ir más allá del ámbito del Palacio. A lo largo de su vida, se involucró de forma activa con diferentes causas. Junto a Nelson Mandela, el Dalai Lama y la Madre Teresa de Calcuta, atendió a niños pobres en África. Se dedicó a ayudar a  pacientes con Sida, drogadictos, ancianos, y leprosos. En 1987, fue de las primeras celebridades en aparecer fotografiada tocando a una persona infectada con VIH.

Días antes de morir, acompañó a la Red de Sobrevivientes de Campos Minados en una visita a Bosnia; su participación contribuyó a que La Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Antipersona obtuviera el Premio Nobel de la Paz en 1997.

Su inspiración filantrópica se sigue percibiendo. El Premio en Memoria de Diana continúa con la convicción de la Princesa de que los jóvenes son capaces de lograr grandes cambios. En el 2007, el fotógrafo Mario Testino subastó una foto firmada de Diana con el objetivo de recaudar fondos para reparar los estragos del terremoto de Perú.

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“A veces la leyenda no es la historia completa”

Diana, dirigida por Oliver Hirschbiegel, y protagonizada por Naomi Watts, narra los últimos años de la vida de Lady Di; se centra en su último gran amor, el médico paquistaní Hasnat Khan. “Hay mucha gente que siente que la conocía, y es muy difícil de investigar. Demasiada información, a veces contradictoria, porque resulta complicado saber quién está diciendo la verdad”, explicó la actriz que logró encarnarla a través de los gestos, mirada, y peinado.

El film ha causado controversia. Según el doctor, la historia traiciona la relación y miente al mostrar que la familia de él no la aprobaba, cuando realmente les gustaba Diana. Confiesa que aún no supera la pérdida de esa mujer con la que permaneció hasta mediados de 1997. Por su parte, Jemima Khan, amiga de Diana, confesó que la Princesa estaba muy enamorada de Hasnat; tanto que deseaba casarse, y no le importaba  tener que vivir en Pakistán.

Las críticas a la película han sido devastadoras en Estados Unidos e Inglaterra. Según el director, “todo lo relacionado con Diana sigue siendo traumático para los británicos”.

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Pedazos de Diana

Poco tiempo antes de morir, Diana vendió varios de los trajes que formaban su sofisticado armario para destinar los fondos a obras benéficas. Maureen Dunken, de Florida, adquirió trece de estas piezas; pero este año, tras una delicada situación financiera, se quedó con tres de los vestidos y entregó el resto a la casa británica Kerry Taylor. Las diez prendas se subastaron en un evento al que asistieron fashionistas y admiradores de la Princesa de Gales. En total, recolectaron casi un millón de euros.

El traje que alcanzó el valor más alto fue el de terciopelo azul oscuro del diseñador Victor Edelstein, con el que Lady Di se lució en un baile con John Travolta; lo adquirió un señor para su esposa por de 278.400 euros. Otro vestido vendido fue uno de color negro, también de terciopelo, diseñado por Catherine Walker, que utilizó Diana en 1997, en una sesión fotográfica de Mario Testino para la revista Vanity Fair.

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